jueves, enero 29, 2015

Identidad: cuando la salud está en juego

Más allá de los problemas emocionales que provoca enterarse que no somos hijos biológicos ni adoptados sino que nos anotaron como propios los interrogantes se intensifican cuando la salud física da señales de alerta.
Ir al médico y que, ante los síntomas que podamos presentar o los resultados de los estudios no tengamos respuestas a la pregunta médica ¿antecedentes familiares? es una daga que nos atraviesa el pecho.
Mucho más cuando los que se enferman son nuestros hijos.
Hoy se habla mucho de la prevención aún de las enfermedades raras que tratadas a tiempo pueden mejorar la vida de las personas, sobrellevarlas con una mejor calidad de vida.
No todos tenemos la posibilidad económica de realizarnos un mapeo genético o tal vez lo hacemos cuando ya es tarde.
Los pactos de silencio familiares rara vez se rompen, ni aún en estos casos. Nos invade la deseperación y el enojo, entendible ante la impotencia de no poder ayudarnos, de no poder ayudar a nuestros hijos.
Hace poco más de una década que reclamamos por la Universalidad del Derecho a la Identidad. Porque a todos los seres humanos nos corresponde.
Los adoptados tienen una mayor posibilidad al haber sido entregados legalmente y con un expediente para consultar. Nosotros no lo tenemos, nos cambiaron todos nuestros datos al nacer.
¿Qué hacer cuando el tiempo apremia y los médicos reclaman una respuesta para salvar una vida?
¿Alguien podrá ponerse en nuestro lugar?
Scioli cuando asumió como gobernador no lo hizo, dejó sin efecto el Programa Pcial. Reencuentros creado por su antecesor Felipe Solá.
La Subsecretaría de DDHH de CABA no considera nuestra problemática y Macri no solo no ha elaborado las políticas públicas que necesitamos sino que además no ha reglamentado la ley 2.202/06 Apertura de Archivos de Hospitales y Clìnicas Privadas que significa una ayuda muy importante para los nacidos en la Ciudad de Bs.As.
Qué decir de la Secretaría de DDHH de la Nación que en esta década ha negado la existencia de archivos y nos comparó a los "autos robados".
En el Congreso de la Nación ingresaron 4 proyectos de ley pero dependemos del Bloque mayoritario (FPV) para que sean incorporados en agenda. Y siempre se mostraron indiferentes.
La Constitución Nacional y los Pactos Internacionales reconocen nuestro Derecho a la Identidad.
Y cuando está en juego la salud violan otro Derecho Humano.
La Identidad no puede ser manipulada políticamente, ningún Derecho Humano.
Y no somos casos aislados, somos muchos, demasiados y de todas las edades.
¿Acaso tenemos que pagar el precio de haber nacido en un año políticamente incorrecto?

Graciela Palma Arizaga (Ciudadan sin Identidad)
DNI (con datos falsos) 16.496.527
palmagraciela@gmail.com

domingo, enero 18, 2015

Sobre nota a Gustavo Di Pace (Sociedad-17/01/15)

Identidad: la libertad de ejercer o no un Derecho

He leído la nota de Gustavo Di Pace en Clarín del 17/01/15 donde comparte su experiencia de vida. Algo tan delicado y fuerte como enterarse a los 40 años que es adoptado.
Escribo y trabajo desde hace muchos años para que el Estado garantice el Derecho a la Identidad (que hoy no lo hace). Me refiero a los casos que nada tienen que ver con la dictadura, anotados como hijos propios, como el de Gustavo.
Me pareció importante que compartiera su experiencia, sus sentimientos y su decisión.
Muchos nos identificamos con su historia pero reaccionamos de distinta manera. No existe una ley que nos diga cómo debemos sentir o manejar el dolor.
Hay muchos Gustavos como hay muchas personas que necesitan imperiosamente buscar su verdad ya sea por problemas de salud o porque sienten que será la manera de cicatrizar las heridas de la mentira familiar.
Hay 4 proyectos de ley en el Congreso Nacional para garantizar que cada persona que desee llegar a su Verdad, pueda hacerlo. Para que podamos ejercer nuestro Derecho, pero es una decisión personalísima, nadie puede obligarnos ni decidir por nosotros.
Ojalá llegue el día en que este tema pueda ser tomado con la naturalidad de la libre elección. La vida es compleja porque los seres humanos lo somos pero debemos aprender a respetarnos, a ponernos en el lugar del otro. "Solo se trata de vivir..." dice la canción. Cada uno lo hace como puede.

Graciela Palma Arizaga (Ciudadana sin identidad)
DNI (con datos falsos) 16.496.527
palmagraciela@gmail.com

Identidad: otra mirada, otros sentimientos

Clarín Sociedad17/01/15

A los 40 años, una tía me contó que era adoptado

Mundos íntimos. ¿Mis padres habrán pensado que los iba a querer menos?
Desde 1969, cuando era bebé, fue criado como propio por un matrimonio
que no podía tener hijos. El tema se mantuvo en secreto, pero con los
padres ya fallecidos, se lo develaron. Su mundo trastabilló, siguió pistas de
su familia biológica que luego se esfumaron. Tiene una hija y se da cuenta
de que es la primera vez que está con alguien que se le parece.












Con su hija. El nacimiento de la nena lo hizo pensar sobre lo que significa compartir la sangre y 
sobre el vínculo que se construye día a día. (Germán García Adrasti)


Gustavo Di Pace. Escritor.



Recuerdo las masas secas, el juego de té de porcelana, el mantel bordado,
blanquísimo y, enmarcándolo todo, aquella música nueva y sorprendente en
la voz de mi tía que contaba su versión del asunto. Lo hizo con suspenso,
con belleza, con alivio.
Ese domingo, de repente y sin esperarlo, me enteraba de que no compartía
la sangre con mi familia. Del otro lado de la mesa, mi mujer lloraba, con
ese llanto lindo tan diferente al de la tristeza. Yo me quedé mudo, la miraba
a ella, luego la miraba a mi tía. No puede ser, me dije. No puede ser, me
repetí. Si tengo la sonrisa de mi viejo, el mismo dedo pulgar; y mi cara,
la forma redondeada, los pómulos altos, son los de mi vieja. Vamos, la tía
debe haber delirado o, como buena europea, se tomó un whisky con la
excusa del frío. El corazón se me salía del pecho. Enseguida mi mujer
comenzó a reírse mientras lagrimeaba, todo al mismo tiempo, ante las
acotaciones de aquella polaca que intentaba atenuar la bomba que había
tirado con un: “Pero tenés que estar contento, sos hijo de un médico”.
Yo no sabía si reírme o gritar mi desesperación. Sí sabía que mi viejo
había sido zapatero, músico, amante de la pesca y que, de médico, no
tenía un pelo. Apenas pude darle un beso a mi tía. Un abismo se abría
entre nosotros. Incluso la miré a los ojos como queriendo comprobar
que aquel relato había sido una más de sus historias de siempre. Pero…
esa comprobación no llegó, y sí su cara serena, relajada, porque “el
pacto” ya no tenía razón de ser. Sí, hubo un pacto, la promesa de
silencio para con su hermana, mi mamá. Un acuerdo secreto para que
yo siguiera siendo yo. Pero en ese momento, a mis 40 años –hace ya
cinco– mi tía agregó: “Ahora que tu mamá ya no está, pude contártelo,
no quería llevarme este secreto a la tumba”.
Abrumado, recuerdo que al llegar a casa fui hasta el placard donde
guardaba el álbum con las fotos familiares. Ahí estaba yo otra vez
en mi bautismo frente a la jarra de agua consagrada, ahí estaba yo
en una calesita de la República de los Niños, en mi comunión,
disfrazado de zorro. Y en casi todas las fotos, en casi todos esos
viejos momentos, estaban ellos, siempre sonrientes, siempre felices,
y por fin, padres. Obviamente, pese a lo que había querido creer, yo
no era parecido a ellos; mi tía no había delirado ni el whisky era
culpable de nada. Sorpresa, enojo, agradecimiento, frustración …
mi estado de ánimo iba por el carril de una empinada montaña rusa.
Así se venía la vida: todavía estaba reponiéndome de la partida de
mi madre, hacía ya un año (mi viejo lo había hecho cuando yo era
un chico y él tenía los años que tengo ahora); aún sufría la
desintegración del mundo de los dos al vender la casa cuando, por
si fuera poco, me llegaba esta “buena nueva”.
Ahí, ahí estaba la respuesta a mis preguntas de tantos años acerca
de por qué mis padres habían tardado tanto en buscarme (yo había
nacido en el 69 y ellos se habían casado a mitad de los años cincuenta).
Los problemas de concepción a los cuales mi madre había aludido
tantas veces en realidad no se habían resuelto. Ninguna cirugía había
sido efectiva. Me habían mentido, otra vez. Al final mis viejos
solucionaron el asunto recurriendo a la adopción. Y el adoptado,
claro, era yo. Sí, el hijo de italianos de Calabria que lloraba de risa
cuando contaba chistes y puteaba de lo lindo cuando perdía el Rojo,
y la polaca dura, compañera, cuyos tácitos te quiero se revelaban
al lavarnos la ropa o prepararnos un pierogi ruskie, se habían puesto
de acuerdo para que yo no me enterase de mi origen.
Pronto comencé con las averiguaciones, con llamados a otros
“familiares” y amigos, con las visitas a mi antiguo barrio y, sobre
todo, con los llantos escondidos en mitad de la noche. Todos
confirmaron la veracidad del relato, incluso una de las mejores
amigas de mi madre que, al principio, soltó un “no es así” lleno de lealtad.
Desde entonces, me llegaban diversas versiones acerca de mi historia.
Una decía que mi madre era una joven descendiente de alemanes
de Misiones y que había venido a Buenos Aires para trabajar en
una casa de familia. Otra decía que tenía un hermano. Y con cada
dato que obtenía, yo temblaba como una hoja.
Recuerdo que llegué a tener, anotado en un papelito minúsculo
el teléfono de alguien que supuestamente había conocido a ese
hermano mío. Marqué el número y sudé como si hubiese corrido
una maratón. Parece que ese hermano me había buscado durante
años y, al no encontrarme, se había ido al Paraguay. “Te consigo
el teléfono” me prometió mi interlocutor.
Después de ese llamado, el tiempo comenzó a derretirse, mi historia
se rasgaba, cedía ante el peso de una verdad inimaginable. Extrañamente
(o no) ese papelito minúsculo se perdió. Busqué y busqué pero no hubo
caso. Me sentía confundido, y no dejaba de preguntarme qué habría
pasado si me hubiese encontrado con ese hermano, cómo sería tener
enfrente a alguien de mi sangre. Después me llegó la versión de que
esa chica rubia que me había parido, y que ahora tendría alrededor de
65 años, había muerto. Cuando escuché aquella aseveración sentí que
se abría un tajo dentro de mí, y pensé que ya no tenía sentido preguntarme
si era mi madre cada mujer rubia de esa edad con la que me cruzaba
en el subte o en la calle.
Me sentía el protagonista de la película The Truman Show. Todas las
certezas acerca de lo que había sido mi vida se derrumbaban. Había
crecido en medio de un gran ocultamiento. ¿Por qué mis viejos no
me lo habían dicho? ¿Pensaron que no los iba a querer más? ¿Se mudaron
de barrio porque temían que volviesen por mí? Las preguntas se sucedían
una tras otra, sin tregua. Cada mañana me despertaba con un “¿cómo no
me di cuenta antes?”, “¿es una traidora mi tía?”, “¿cómo pudieron mis
viejos guardar ese secreto?”. De a ratos, confieso, quería disculparlos
pensando que era una costumbre errada pero usual en la época (yo jamás
adoptaría de esa forma). De a ratos, nada de disculpas: sentía bronca por
ese procedimiento mal hecho que ahora me atravesaba la vida. Todo habría
sido más fácil si lo hubiera sabido.
Como sea, y avasallado por mi historia, meticulosamente construida, algo
por debajo, un rencor, un bicho subterráneo, comenzó a socavarme. Una
noche no pude terminar un cuento que estaba escribiendo. Otra vez, olvidé
comprar entradas para el recital de AC/DC. Y aún recuerdo el reproche de
mi mujer: ya no íbamos a comer pastas los sábados por la noche.
Desde aquella confesión de mi tía, no podía concentrarme, estaba tomado
por ese descubrimiento que le daba una patada en el culo a todo lo que yo
era o había creído que era. Un pasado misterioso me boicoteaba el presente.
Y ahora, esos desconocidos que tenían mi sangre llegaban a mi vida como
fantasmas: ¿me habían buscado o no? ¿y si mi madre está viva? ¿y si los
encuentro y me rechazan? ¿y si creen que busco algo más que mis raíces?
¿y si no son buenas personas? ¿y si están todos muertos? El miedo a saber
más se me hizo carne. Poco después llegó el insomnio, y tuve nostalgia de
mi vida antes de aquel domingo, cuando todo era, o parecía, claro. Un sinfín
de sentimientos me inmovilizaba, porque ahora no sólo mis cuentos no
podían terminar, sino que tampoco podían nacer; aquella búsqueda de la
verdad iba contra mis palabras, las amortajaba y las enterraba en un pozo.
No estaba siendo feliz, me enojaba cuando alguien me preguntaba sobre el
asunto. Sentí una culpa enorme, quizás porque de algún modo hurgar en
ese pasado misterioso era como ir contra el deseo de mis viejos, porque tal
vez yo les traicionase el cariño.
Padres tiernos, nobles, mentirosos.
¡Basta!, le dije al espejo del baño, del living y del pasillo. Dejé de hablar
del asunto, mis amigos se miraban cómplices, y mi mujer no decía nada.
Aunque esperaba una palabra de aliento de su parte, ella optaba por no
meterse. Una noche la sorprendí mirándome extrañada, como preguntándose
quién era realmente yo. ¿Qué podía contestarle? ¿Qué es la verdad, entonces?
¿Qué es la identidad y cómo se construye?, fueron las nuevas preguntas.
No hay leyes para estas cuestiones, pensé. Traté de saber qué deseaba. La
respuesta no me sorprendió. Mis búsquedas habían respondido más a la
curiosidad, a mi ego herido, que a la necesidad de encontrar la “verdad”.
Más que escarbar en mi pasado quería construir mi presente, mi futuro.
Ese era mi deseo. Escribir sobre el asunto me llevó a la conclusión de
que yo era el mismo de siempre, y lo seguiría siendo más allá de lo que
pudiese averiguar.
Mi decisión personal y, de algún modo, mi decisión artística, fue entonces
quedarme sin respuestas a todas las preguntas que surgían. Dejé de buscar a
los de mi sangre. Estaba harto de sentir miedo por lo que podría descubrir,
estaba cansado de ir contra el deseo de aquel zapatero y aquella polaca que
aún me miraban contentos desde las fotos del álbum del placard.
Un día, jugábamos con mi mujer al Scrabble. De repente, nos miramos.
Las palabras “hijos”, “padres” y otras similares se armaban a cada
jugada. Ahora seamos papás, le dije, y nos abrazamos y desparramamos
todas las fichas. Ya veremos qué hago con mi pasado, agregué riendo
y lagrimeando.
¿Quién soy, entonces?
Soy mi biblioteca con los libros de Bradbury, de Arlt, de Bukowski;
soy mis discos de Iron Maiden, Los Beatles, y el grito eterno de Kurt
Cobain; soy todos mis fracasos y mis pequeñas esperanzas, soy mi hija
de casi tres años a quien dediqué mi último libro (y sí, por suerte fuimos
papás).
Cuando la miro me llega, como reflector poderosísimo, la idea de que ella
es la primera persona de mi sangre que conozco. A su vez, asisto a la
convivencia de dos sentimientos que parecen opuestos: por un lado me
maravillo ante la fuerza de la sangre; y por otro, me doy cuenta de que lo
más importante es el vínculo que construyo con ella, alimentado cuando
la baño, la peino, la llevo al jardín, regado como se riega una planta, día a
día, como en su momento hicieron mis padres conmigo.
Por todo esto dejé de buscar. Decidí no ir contra el misterio, opté por
llenarlo de palabras. Siempre me llevé mejor con la ficción que con la
realidad. Qué haré el día de mañana, no lo sé. Sé que esto lo puedo decir
porque, sea por la razón que haya sido, a mí me entregaron. Mis padres no
quisieron o no pudieron hacerse cargo de mí. Es diferente a otros casos,
como los de los hijos de desaparecidos de mediados de los años 70 a quienes 
sus padres jamás pensaron en entregar o abandonar: se los robaron. Allí, la
búsqueda del origen me parece imprescindible. En mi caso, tan distinto,
hago míos a los que siempre lo fueron, hago mía esta historia de origen
incierto. Ahora, adopto yo.

* Gustavo Di Pace:

Escritor, ha publicado los libros de cuentos “Los patios interiores” “Mi yo
multiplicado” y “El chico del ataúd”. Antes de convertirse en escritor tuvo
varias ocupaciones: fue vendedor de zapatos, lavacopas, administrativo,
músico de rock y director de un banco de imágenes. Pasó también por la
Facultad de Filosofía y Letras, hasta que un profesor de Teoría y Análisis
Literario le dijo “si querés escribir, ahí está la puerta”, en el sentido de que la
Universidad no forma escritores. Cuando tiene un rato libre, no abandona
los libros. Uno de sus gustos secretos es pasar horas en “librerías de viejo”.

domingo, enero 11, 2015

Sobre los Proyectos de Ley en el Congreso Nacional-Infobae 10-enero-2015

Éstos son los proyectos sobre identidad de origen que deben tratarse este año


El 2014 cerró con cuatro proyectos de ley que buscar ayudar a las 3 millones de personas que en Argentina no conocen su identidad de origen ni biológica porque fueron anotadas como hijos propios. Éstos deberían ser tratados en el trascurso de este año.

Uno de ellos. "Derecho a Identidad de Origen" fue firmado por la senadora Norma Morandini ypide que la CoNaDi se ocupe de todos los casos de búsqueda de ésa identidad. Además, establece la modificación de la Ley 26.548 de Traslado Del Banco Nacional de Datos Genéticos. Este proyecto fue girado a la Comisión de DDHH del Senado de la Nación en noviembre.

Según Graciela Palma -una de las fundadoras de la ONG Quiénes Somos y que desconoce sus orígenes- el nuevo texto "es superador a todos los presentados hasta la fecha tanto en Senado como en Diputados y que el Bloque oficialista se ha negado a tratar". Dijo que además "incluye una modificación sobre quiénes deberán dirigir la CoNaDi a fin de garantizar transparencia en su gestión".

El proyecto de Morandini establece la creación de "la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad" que "estará dirigida y administrada por un Presidente, designado por el Poder Ejecutivo, y un Directorio integrado por nueve (9) miembros (...) el Presidente y los Directores durarán cinco (5) años en sus cargos y sólo podrán ser reelegidos por un período consecutivo". También eroga que todas las decisiones serán tomadas sin excepción por el voto de la mayoría simple de sus miembros.

"Es hora de que se atiendan todos los casos de sustracción de identidad sin excluir a nadie", exige Palma porque "no se debe especular con los DDHH ni ser tomados como un negocio.La Constitución Nacional es muy clara: todos los ciudadanos somos iguales y tenemos los mismos derechos. Que todos nuestros representantes se sumen y traten este Proyecto de Ley, por el Bien Común. Ya existe un lugar del Estado a nivel nacional, la CoNaDi, y existe un Banco Nacional de Datos Genéticos".

A continuación parte del articulado del Proyecto de Ley S-3817/14:


Artículo 1º- La presente ley tiene por objeto garantizar el derecho a la identidad de origen a todas las personas nacidas en el territorio nacional. El Estado deberá proveer a quien presumiera que su identidad ha sido alterada o suprimida el acceso gratuito a toda 
información relacionada con su búsqueda, obrante en cualquier registro público o privado.

Artículo 18.- Modifíquese el artículo 6º de la ley 26.548 el que quedará redactado de la siguiente manera:
"ARTÍCULO 6º — Inclusión de datos. Cualquier familiar directo de personas desaparecidas o presuntamente nacidas en cautiverio o cualquier persona que presumiera le ha sido alterada o suprimida su identidad tendrán derecho a solicitar y a obtener los servicios del Banco Nacional de Datos Genéticos en los términos a los que se refiere esta ley, incluyendo el registro de sus datos en el Archivo Nacional de Datos Genéticos.

El Banco Nacional de Datos Genéticos garantizará el cumplimiento de las facultades de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad reconocidas por la presente ley."

Como fundamentos, Morandini escribió: "El derecho a la identidad es un bien personal, que como presupuesto de la personalidad, merece ser tutelado por el derecho objetivo. Es la articulación del derecho a la libertad; al respeto a la integridad física, psíquica y moral; a la seguridad personal; a tener un nombre; a la protección de la familia y al derecho a la verdad(...) En estos casos, los organismos del Estado deberían facilitar y colaborar en la búsqueda (...)"

Los otros proyectos

En 2006, el entonces diputado de la Coalición Cívica, Adrián Pérez, proclamó en un proyecto (7115-D- 2006) el "derecho a conocer la identidad biológica" que "el Estado Nacional deberá facilitar el acceso gratuito de los habitantes a toda información relacionada con la propia identidad biológica, que consten en los diversos registros de organismos público".

La diputada Elisa Carrió, se hizo eco de la necesidad en 2011, cuando pidió establecer el derecho a conocer la identidad biológica y modificaciones al Código Civil (expediente nº 1449-D-2011).

"Según estadísticas realizadas por la agrupación Missing Children de Argentina, sobre el total de denuncias recibidas durante los años 2003/2006 sobre chicos perdidos, el 44,5 % habría desaparecido por "crisis de identidad", siendo en su mayoría adolescentes de entre 13 y 17 años", fundamentó.

Por su parte, Margarita Stolbizer firmó el Proyecto de ley de "Derecho a la identidad de origen y biológica" que toma como base los anteriores y agrega la creación de "el Instituto Nacional para la Búsqueda de la Identidad de Origen y Biológica de las Personas, en la órbita del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, como un órgano desconcentrado con autonomía funcional y autarquía financiera".

Sobre éstos proyectos, Palma aseguró: "Quienes nacimos en todos los tiempos históricos y tenemos sustracción de identidad esos valores parece no correspondernos. Ingresaron en el Congreso Nacional cuatro proyectos de ley para la búsqueda de la verdadera Identidad de Origen, tres en Diputados y uno en el Senado. Esto demuestra la voluntad de muchos de nuestros representantes a reconocer que los DDHH son de Todos. Pero el FPV, bloque mayoritario no ha demostrado voluntad de tratarlos. Para quienes estamos en esta lucha desde hace un poco más de una década no nos llama la atención. Fueron varios los proyectos presentados en todo ese tiempo que perdieron estado parlamentario".

http://www.infobae.com/2015/01/09/1619967-estos-son-los-proyectos-identidad-origen-que-deben-tratarse-este-ano

Entrevista de Infobae 10-enero-2015

"Me anotaron como nacida en 1961, pero nací en 1963"

Graciela Palma busca su identidad. No fue adoptada legalmente sino anotada como hija propia. "La primera vez que pude reconocerme en alguien fue cuando nació mi hija", dijo


"Sólo sé que nací en La Plata, pero ni siquiera fue en el año en que me anotaron. El Estado me desprotegió de bebé, permitió que pasara de mano en mano como un objeto y puso sus sellos oficiales en una partida de nacimiento con datos falsos. Busco mi verdadera identidad biológica y me cierran todas las puertas". Así empezó a contar su historia Graciela Palma. A los 16 años supo que no era hija de quiénes la habían anotado como propia y a los 40 años supo que su madre biológica era polaca. La búsqueda de su verdad y el interés por averiguar su origen biológico es el estandarte de una lucha que libra a diario.
Su voz suena tan franca como esperanzada: es que Graciela Palma hizo de su búsqueda una causa y logró que muchas personas, 3 millones de entre 16 y 82 años que dudaban sobre su identidad, buscaran ayuda. No en las instituciones, porque no las hay, sino a través personas que, como ella, lo único que quieren es deshilvanar la madeja que los lleve a su origen.
La intuición siempre le dijo que no era hija de quienes la criaron, pese a ello nunca tuvo conflictos que la hicieran alejarse de su hogar (según datos de la ONG Missing Children, el 38% de los jóvenes que se van de sus hogares lo hacen por crisis de identidad) pero la falta de concentración en la escuela y ciertos malestares físicos derivaron en un tratamiento psiquiátrico que la llevó de las sombras de la incertidumbre a los atisbos de una verdad, dolorosa, pero suya al fin. Esto es lo que contó a Infobae:
Desde que tengo uso de razón recuerdo dolores de cabeza que duraban todo el día, en la escuela no socializaba, tenía problemas para la atención y me costaba aprender. Al tener todos los estudios clínicos normales, los médicos me derivaron al psicólogo. Cuando tenía 16 años, se hizo una reunión familiar -psiquiatras mediante- y allí me confirmaron que no era hija de quienes me habían criado. Mi papá me dijo, entonces, que mi mamá biológica era una prostituta y que me iba a tirar (sic).
Pese a todo, saber esa primera parte de la verdad me ayudó y empezó a irme bien en la escuela. Luego comencé a estudiar ruso, sentía mucha afinidad con todo lo relacionado a esa cultura.
Me costó mucho llegar a la charla con mi madre de crianza para saber qué fue lo que pasó, hasta que un día pudimos hablar: me contó que ella no podía quedar embarazada y que mi padre de crianza le consiguió el número de teléfono de un hombre y le dijo que se encargara. Ella llamó a ese contacto, una persona de modales violentos que le habló de una mujer apodada "la Polaquita" que estaba embarazada. En otro llamado logró hablar con mi madre biológica. Según me dijo, ella estaba llorando y le contó que la quisieron obligar a hacerse un aborto, pero que se había negado. Mi mamá biológica - "la Polaquita"- quería asegurarse de que yo estaría bien. Sólo supe que todo fue en La Plata, pero cada nuevo detalle me ayudaba a armar el rompecabezas.
Cuatro meses después de ese primer llamado hubo otro, en el que le avisaron que yo estaba por nacer. Me contó que fueron a buscarme a La Plata y que en ese lugar donde nací había una partera que le señaló a la parturienta. Dijo que la vio de lejos, pero que distinguió que tenía la nariz grande. Me di cuenta que era por eso que cuando era chiquita me ponían broches en la nariz, para que no me creciera.
Aún no se si nací en la casa de la partera o en un hospital. Supe que mis padres de crianza presenciaron el parto, pero a mi madre biológica no le vieron la cara de cerca. Estaban la partera y mi madre detrás de un campo de tela. Me contó que nací, lloré, me envolvieron en una manta y salieron corriendo. ¡Si, corriendo!. Sin haber tenido contacto con ella. Dijo también que en ese parto nació otro bebé, pero no sé si creerlo. Eso fue lo que pude lograr que me cuente.
Graciela dijo que escuchar ese relato la ayudó a entender los serios problemas de salud que tenía de pequeña. Su cordón umbilical se infectó, porque la partera no se había tomado el trabajo de curarlo ni de limpiarlo como correspondía. Fue todo demasiado rápido. También entendió por qué sentía esa atracción por todo lo ruso.
Ante la pregunta de qué la motiva a esta búsqueda, responde: "Quiero conocer mi identidad, saber lo básico que sabe cualquier persona: fecha y lugar de nacimiento, mis antecedentes genéticos... En cualquier primera consulta médica se preguntan los antecedentes médicos de la familia. Los adoptados tienen ese expediente que nosotros no tenemos porque no fuimos adoptados. No sabemos si tenemos alguna de esas enfermedades genéticas que saltan una generación", responde.
"Averiguando por mi cuenta supe que no nací en el 61 sino en el 63. No es que me anotaron otro día, ni siquiera fui anotada en el año en que nací. Esto se llama suplantación de identidad", explicó. Su hipótesis sobre esta peculiaridad, es que probablemente en el hospital donde nació le dieron a su familia de crianza el acta de un niño fallecido en ese momento, nacido antes que ella. Por eso habla de sustitución de identidad, aunque no sabe con exactitud qué pasó; son hipótesis.
Pero lo de la diferencia de fechas es un dato real: "Estoy anotada como nacida en el 61 pero me dijeron técnicos del Registro Provincial de las Personas que nací en el 63".

Memoria encriptada: es la sangre que tira
Graciela contó que la primera vez que pudo reconocerse en otra persona fue recién cuando nació su hija, en 1991. Tenía 40 años cuando supo que su madre biológica era polaca y al ver el rostro de su hija pensó que quizás así sería la cara de la mujer que la trajo al mundo, pero que no llegó a conocer.
Durante la entrevista, varias veces afirmó que su deseo y el de gente que está en una situación similar es "ser incluidos en el banco de datos genéticos al que hoy sólo tienen acceso los familiares de desaparecidos y víctimas de crímenes de lesa humanidad". "Entre nosotros,hay casos de los años 30 y 40, hay personas de más de 80 años que buscan su identidad. También habló de los proyectos que existen para crear un archivo publico para corroborar datos, siempre protegiendo la identidad de las personas implicadas.
"Solamente estamos defendiendo nuestro derecho a la identidad que el Estado debe garantizar respetando los Pactos Internacionales de rango constitucional. Es probable que nadie nos esté buscando". Continuó con su relato:
Soy una de los casi 3 millones de personas en el país que buscamos nuestra identidad de origen. No sabemos si fuimos victimas del tráfico de bebés, de la trata de personas, si nuestras madres no nos quisieron o no nos pudieron criar. Muchos nos enteramos o sabíamos -esto se percibe y se siente como una interna convicción- que no éramos hijos de nuestros padres. Cuando se aclara que no somos sus hijos biológicos no nos conformamos, porque interiormente sabemos que tampoco somos adoptados.
No existe lugar del Estado al que yo pueda dirigirme para saber mi verdadero origen, no hay un archivo donde pueda buscar datos, como si pueden hacerlo las personas que fueron adoptadas.
Hay quienes quizás no tengan información ni expediente, pero tienen historia y datos; y en la mayoría de los casos no hay información porque los mismos médicos supieron cómo evitar que en el futuro se buscara información. Además, existe un pacto familiar de silencio. Pero todo esto forma parte de una costumbre social que veía bien que un niño fuese cuidado por otra persona antes que en un orfanato.
Un bebé no nace como una hoja en blanco. Hay una historia detrás, hay sensaciones o recuerdos. Existe la memoria encriptada que tiene que ver con toda la información genética que todos poseemos. Desde la gestación recibimos alimentos e información. Y esto se ve, también, en todo lo cultural. Pude ser de origen judío y me criaron como católica. Un bebé querido o no debe ser respetado. Por eso, uno se tiene que mirar el ombligo, que es la cicatriz de cuando estuvimos unidos a alguien.

Sin archivos ni datos que ayuden a recuperar la identidad. Las falencias del Estado
Se calcula que al menos 3 millones de personas fueron criadas como hijos propios por padres no biológicos. Nada de eso hubiese sido posible sin la participación necesaria de familiares, médicos, parteras y sobre todo del Estado, que no solamente puso sellos en partidas de nacimiento ilegales, que permitió que en hospitales públicos se falsificasen libros de partos y que siempre tuvo quien hiciese la vista gorda.
No fue suficiente con el pasado; parece que tampoco hoy existe demasiado interés en reparar esos daños. Será por eso que un proyecto de ley de 2006 fue cajoneado y que otros tres no tuvieron quorum para ser debatidos. Necesitamos que las muestras de sangre se almacenen, así en el futuro, si nos pasa algo, nuestros hijos pueden seguir la búsqueda si ellos también se ven afectados porque entre otras cosas hay enfermedades genéticas que se saltean una generación.
"Necesitamos que el Estado atienda este tema para que las búsquedas sean posibles, después cada uno lo decidirá. El proyecto que lleva la firma de Norma Morandini -sobre la identidad de origen- pide la ampliación del banco genético de sangre. En algunas provincias se logró avanzar, como en Santa Fe que logró en Rosario una ordenanza para que algunos municipios presten colaboración para descubrir la identidad de personas con dudas", señaló Palma.
Graciela aportó estadísticas alarmantes: según datos de Missing Children, en 2013 el 38% de los chicos que escaparon de sus casas lo hicieron por crisis de identidad. En Argentina hay hoy, al menos, 3 millones de personas fueron criadas como hijos propios por padres no biológicos.
La palabra "apropiados" nos remite al robo de bebés durante la peor etapa de la historia nacional, pero es la que también corresponde para casos como los de Graciela, que no sabe qué pasó con su madre ni por qué no creció con ella. Su testimonio concluye con una verdad escalofriante: "Hay bebés que nacieron de situaciones terribles, en institutos psiquiátricos, por ejemplo. O en contextos de trata y esclavitud sexual. Uno, quizás por defensa, no piensa en esas situaciones. Es más fácil pensar que la madre no quiso a su hijo y listo. Hubo chicos que nacieron producto de relaciones no aprobadas por las familias. Fui testigo de un caso en que una mujer buscaba a su hija sólo para decirle que ella no la había abandonado, y la hija también la buscaba. Se conocieron y el parecido físico era notable, hasta se peinaban igual".
Todos tenemos derecho a conocer nuestros orígenes, de dónde y de quiénes venimos. La identidad nos marca desde el pensamiento hasta la manera de sentarnos. Son los niños quienes tienen el derecho a ser adoptados, pero legalmente y conociendo la verdad. Ese derecho nadie se los puede negar. Ojalá los apropiadores lo entiendan y ojalá el Estado también.
http://www.infobae.com/2015/01/07/1619510-me-anotaron-como-nacida-1961-pero-naci-1963

jueves, enero 08, 2015

Casos Aislados? La Constitución Nacional es para cada uno de sus habitantes.

"Casos Aislados" es la respuesta frecuente que el Gobierno suele utilizar para justificar su desidia frente a temas muy delicados, temas que forman parte de los DDHH de cada una de las personas, de cada uno de los niños: Derecho a la Vida, Derecho a la Identidad, Derecho a la Salud, Derecho a la Educación, Derecho al Trabajo, Derecho a la Seguridad, Derecho a la Libertad de Expresión, etc.

Respecto a los reclamos realizados por la Universalidad del Derecho a la Identidad, por la búsqueda de la verdadera identidad de origen, la respuesta fue la misma: "casos aislados, problemas familiares".

Hay una Ley Magna, la Constitución Nacional que garantiza los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos. En diferentes artículos de las Declaraciones, Derechos y Garantía, puede leerse: "Todos los habitantes de la Nación..." o "Todos los ciudadanos..." En ningún lugar especifica una cantidad que habilite ser merecedor de los Derechos y que en esos casos el Estado debe ocuparse.


Daniel Scioli al asumir como Gobernador de la pcia. de Bs.As. en el 2007 se encontró con el Programa Provincial Reencuentros creado por su antecesor Felipe Solá. Lo dejó sin efecto justificándose con que "por 30 personas no iba a movilizar al Estado" (el Ministerio de Seguridad de la Pcia. tenía en ese entonces registros que superaban las 500 búsquedas de identidad).
La Constitución de la Pcia. de Bs.As. en su art.12 es muy clara respecto a este Derecho

.
Y ocurre lo mismo en la Ciudad de Bs.As. solo que el gobierno de Macri agregó en sus justificaciones que el tema de la Identidad no era prioritario.


Cuando se asume un gobierno jura por la Constitución Nacional creada para garantizar derechos y garantías de cada uno de los ciudadanos que habitan el suelo argentino, sean 1, 5, 100 o 100.000.


Graciela Palma Arizaga (Ciudadana sin Identidad)
DNI (con datos falsos) 16.496.527
palmagraciela@gmail.com

viernes, enero 02, 2015

El Derecho a la Identidad es de Todos. Pedimos que el Estado acceda a investigar a pedido del interesado los casos de sustracción de identidad.

Por Graciela Palma Arizaga*Leo en un diario “agrupaciones de derechos humanos no alineadas con el Gobierno...” y pienso: ¿derechos humanos para unos y para otros no? ¿Derechos humanos de izquierda, de derecha, de centro? ¿La ideología nos hace más o menos personas?

Quienes venimos reclamando por el derecho a la identidad para los que no fuimos adoptados legalmente sino anotados como hijos propios, nacidos en todos los tiempos históricos, observamos esas diferencias y nos cuesta entenderlas. Pero es una cruda realidad para los más de tres millones de ciudadanos con sustracción de identidad que viven en Argentina. ¿Cómo surge esta cifra? Es una estimación basada en la información que manejan diferentes ONG y organismos públicos relacionados con la problemática de personas que no conocemos nuestros verdaderos orígenes. No conocemos los nombres de nuestros padres biológicos, el lugar de nuestro nacimiento, las enfermedades familiares que podemos llegar a padecer, o que pueden afectar a nuestros hijos.
Despedimos 2014 con cuatro proyectos de ley en el Congreso Nacional, con la firma de varios diputados y senadores de distintos bloques. Pedimos que el Estado acceda a investigar a pedido del interesado los casos de sustracción de identidad. Pedimos que la experiencia obtenida para investigar lo sucedido durante la última dictadura se aplique para aclarar la identidad de personas que no conocen sus verdaderos orígenes.
El Frente para la Victoria no adhirió a ninguno de esos proyectos. Y dependemos de ellos; son la mayoría. No es la primera vez que ocurre y siempre nos hicimos la misma pregunta: ¿por qué? Las respuestas recibidas en todos estos años no estaban fundamentadas seriamente: “No hay archivos”; “Sus padres de crianza están muertos”; “Como delito, prescribió”; “¿Buscan herencias?”; “No tienen derecho a hacerles revivir a sus madres biológicas lo sucedido”.
Archivos hay. Es más, existe la documentación sobre la entrega del niño Benito Quinquela Martín y un registro de 1927 donde una persona solicita información sobre su llegada al orfanato y posterior entrega a la familia que lo crió. ( La adopción de niños como cuestión social , M. F. Elías, editorial Paidós, 2004). No existía aún la adopción pero se registraba todo.
Nuestro reclamo incluye la confidencialidad y el respeto en las búsquedas, en especial hacia esa parte biológica que desconocemos.
La identidad no es buscar personas, sino esa información a la que sí pueden acceder los adoptados, porque tienen un expediente: fecha y lugar de nacimiento, nombre de los padres, antecedentes médicos, lo que sucedió. Cada uno decidirá después si desea reencontrarse con esa parte biológica o no.
Sabemos que no todos lograremos conocer nuestra historia completa, pero nadie tiene derecho a negarnos esa posibilidad. La Convención de los Derechos del Hombre, de los Derechos del Niño, la Constitución Nacional, nos avalan. El Estado debe garantizar el derecho a la identidad de las personas.
El derecho a la identidad es de todos, se haya nacido en cautiverio, producto de una violación, producto del abandono o por alguna otra razón. En esto no puede haber discriminación política, partidaria o ideológica.
Llevamos una década de lucha por un derecho que nos corresponde. No podemos decir que fue una década ganada.
Si en 2015 el Gobierno persiste en su capricho de no reconocer nuestro reclamo, los proyectos de ley perderán estado parlamentario y pasarán a archivo. ¿De qué nos servirán entonces los modernos DNI que portamos si los datos sobre nuestra identidad son falsos?
*Coordinadora en Derechos Humanos de la Red Suma + Mujeres en Unen
El texto original de este artículo fue publicado el 31/12/2014 en La Voz del Interior (Córdoba)