jueves, septiembre 14, 2006

Mi Identidad, mi salud

En algunos medios se ha publicado un avance médico muy importante: la prevención del cáncer hereditario. En el Hospital Italiano de la Capital Federal existe un Programa de Cáncer Hereditario, se reúnen datos familiares y se hace un familiograma, una especie de árbol genealógico en donde se pueden identificar a los miembros de una familia de generaciones pasadas con antecedentes del mismo cáncer. De esta manera existe la posibilidad de prevenirlo y salvar vidas. Pero no todos podremos acceder a esto, algunos somos ciudadanos de 2ª. Soy un bebé del tráfico de niños, adoptada ilegalmente, no sé cuándo ni dónde nací en realidad, sin expediente de adopción ni antecedentes médicos. El Estado me desprotegió de bebé, permitió que pasara de mano en mano como un objeto y puso sus sellos oficiales en una Partida de Nacimiento con datos falsos. Busco mi verdadera Identidad Biológica y me cierran todas las puertas, necesito el Acceso a la Información (Libros de Parto, Registro Civil, etc) y el ADN gratuito. No hay archivos dicen todos los funcionarios que dicen ocuparse de los DD.HH., su causa prescribió (penalmente, civilmente no), ninguno de mis representantes ha hecho algo concreto salvo prometer y cajonear proyectos de ley. La Constitución Nacional, de la Pcia. De Bs.As., de la Ciudad de Bs.As., de todas las provincias, los Pactos Nacionales e Internacionales me garantizan el Derecho a la Identidad y esto es el Derecho a la Salud también. ¿Cómo hizo la Pcia. De Bs.As. para digitalizar las actas de todos los ciudadanos bonaerenses desde 1880 a la actualidad? ¿Hay archivos para algunos y para otros no? Somos más de un millón de ciudadanos en todo el país, de todos los tiempos históricos que mendigamos ayuda, ¿cómo es posible, porqué se nos condena a nosotros y a nuestros hijos? En vez de trabajar y buscar la manera de poner en práctica nuestro Derecho nos dan la respuesta más fácil e inhumana: NO. Señores, no vamos a bajar los brazos, seguiremos solicitándoles audiencias hasta que se dignen a recibirnos, mirarnos a la cara y decirnos qué les impide cumplir con sus deberes.