viernes, noviembre 23, 2007

Pero qué molesta!


Me detenía a pensar en los conceptos que tienen de mí algunas personas, en particular los funcionarios, diputados, empleados de los Ministerios, etc.

Hace 3 años que escribo cartas de lectores, es la manera que encontré para denunciar la manera en que nos tratan a las personas víctimas del tráfico de niños, a los bebés, que crecimos y hoy somos adultos que buscamos nuestros orígenes.

Vueltas y vueltas con este tema, teóricamente el Derecho a la Identidad y los DD.HH. están más que claros para ellos.

En lo teórico, en la práctica no pasa nada.

No existe un solo lugar en todo el país a donde nos atiendan completamente las búsquedas.

En provincia de Bs. As. me expresaron su "decepción" por una carta en la que cuento que el programa Provincial Reencuentros apenas funciona, que no pienso como la mayoría de la gente que les escribe.

Si leemos el Programa y vemos lo que hacen, la realidad es que apenas funciona. A nosotros la apertura del Registro Provincial de las Personas solo nos confirma lo que ya sabemos: que estamos anotados como hijos propios, no aparece adopción alguna.

¿Cómo seguimos?

Esto, que expresé en la carta generó mucho malestar, pero yo solo soy el reflejo de una realidad, en todo caso enójense con Uds. mismos.

En el Registro Civil de Capital, lo mismo. Una funcionaria me llama a mi domicilio y me insulta, del Ministerio de Seguridad me llama otro funcionario y me envía un mail bastante fuera de lugar. En una oportunidad tuve que denunciarlo por maltrato y discriminación por lo cual debió disculparse por escrito ante la fiscalía 3 de Capital.

Pero la mala soy yo, la desconsiderada, invasiva y patotera.

No seré la Madre Teresa pero soy un ser humano con una historia de vida muy delicada, que al nacer quedé desprotegida por el Estado y fui "dada" alterando mis verdaderos datos, sin antecedentes médico genéticos sustrayéndome la Identidad.

Me tiene sin cuidado lo que piensen de mí, mientras no cumplan con su deber seguiré escribiendo las cartas de lectores.

Graciela Palma