martes, febrero 05, 2008

Nadie cuidó a Roberto

Conocí a Roberto porque compartimos una nota en Cuarto Intermedio, algo sabía de su caso, de su dolor, del maltrato que recibió. Nadie pensó en él, nadie lo cuidó.

Carlotto y Servini de Cubría también violan los Derechos Humanos.

En el año 2001 fui citado por la Dra. Servini de Cubría debido a que, como ella personalmente me explicó, se había recibido una denuncia anónima ante la Asociación de Abuelas de Plaza indicando que yo podría ser el nieto que busca la Sra. Enriqueta Estela Barnes de Carlotto (autos nro. 10.409/98 (exp. interno nro. A-1386), caratulados: "Minicucci, Federico Antonio y otros s/privación ilegal de la libertad y sustracción de menores de 10 años (art. 146) – Querellante: Barnes de Carlotto, Enriqueta Estela).
Luego de extraerme sangre para el ADN, y sin recibir respuesta por varios años pese a mis periódicos reclamos, finalmente tuve acceso al expediente y advertí que en realidad Servini de Cubría me había engañado sobre las circunstancias de la denuncia ya que no era anónima ni se había presentado ante Abuelas. La denuncia se efectuó en su juzgado y estaba dirigida directamente contra mi padre sindicándolo como un apropiador de menores conocido como "el tigre de Morón" durante su actuación como magistrado del fuero penal en ese entonces.

Claro que rápidamente mi padre querelló al denunciante por falso testimonio, presentando una lista de funcionarios judiciales, abogados y distintos amigos, que ni siquiera fue necesario que declaren ya que el titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nro. 9 de la ciudad de Buenos Aires (causa nro. 18.371/05, caratulada: "Carballo, Alberto Rubén s/falso testimonio"), entendió que la denuncia era un disparate y que el denunciante era un demente, como así lo determinó el Cuerpo Médico Forense de la Justicia, y consideró que realmente su denuncia constituía un verdadero falso testimonio, pero lo tuvo que declarar inimputable dejando salvo el buen nombre de mi padre.
En la causa que instruye Servini de Cubría quedó también probado que mi padre nunca registró ninguna denuncia por su participación durante el Proceso Militar dentro de la justicia.
Por mi lado, fui engañado por esta magistrada para que accediera de la forma menos controvertida a la prueba de ADN, ya que de saber la verdad era lógico que me hubiera negado. Además era mayor de edad, dato esencial que le impedía someterme a una extracción compulsiva.
Esta absurda denuncia se centró en que yo tenía un parecido físico con el esposo de la Sra. de Carlotto como único argumento para relacionarme con ese matrimonio en particular y no con otros. Lo peor, además del engaño, fue que se diera curso a su disparatado relato el cual se advierte a simple vista es producto de un demente, sin que previamente se adoptaran medidas menos traumáticas para esclarecer lo denunciado. Por el contrario, Servini de Cubría junto a personal Policial del Departamento de Seguridad de Estado de la Policía Federal Argentina, inventaron pruebas y hasta realizaron tareas de inteligencia sobre mi familia, e incluso sobre mí, quien hasta ese momento era la posible víctima.

Pero también existió enorme responsabilidad y culpa por parte de la Sra. de Carlotto. Ella tuvo el resultado negativo de mi ADN, practicado por su perito de parte en EEUU, y recién lo agregó al expediente casi un año más tarde.
Esto demuestra, a mi entender, sin margen a equivocación, sobre todo teniendo en cuenta que era un perito contratada por ella, dos hipótesis; la primera es que Carlotto no le importó que yo me enterara rápidamente del resultado por lo que se nota su claro desprecio por mi persona -posible nieto pero indiscutible persona de todos modos-.
La segunda, sólo me resta pensar que no le importaba ni siquiera hallar a su nieto, cosa que no puedo creer, pero entonces cómo se explica que no acercara el resultado al juzgado a lo largo de un año, acaso va a decir que no sabía del resultado, acaso no podía comunicarse con su perito por email, teléfono, carta, o fax. Es ridículo y resulta claro que nunca le importó lo que yo sentía.
Incluso este resultado como los demás practicados en el Banco Nacional de Datos Genéticos, nunca me fueron notificados porque claramente sabían que se habían equivocado muy groseramente conmigo. Esto sucedió en el año 2001 cuando me extrajeron sangre, y el primero de los resultados de ADN estaba informado al juzgado a menos de 30 días de esa extracción. Recién me entero de casualidad en el 2005 cuando llamo al juzgado y, como no estaba el secretario, otro secretario ordenó que me notificaran por teléfono del resultado negativo de los distintos ADN que se practicaron.
Es un disparate y una vergüenza de estas dos Señoras, pero no es sólo por eso que me indigné ni tampoco por el sufrimiento que tuvieron que pasar mis padres y demás seres queridos, sino que la falta de notificación es además consecuente con la falta de una disculpa de estas dos señoras, y me refiero en particular a Carlotto.

Su lucha como las de las demás abuelas no es ni buena ni mala, es justa y es lo que toda abuela en su caso debe encarar, más allá de tratarse del proceso militar o de cualquier otro caso. Me explico no, creo que se entiende mi postura. No pretendo criticar ninguna lucha ni menos cuestionar ninguna causa, sólo me refiero a este caso que me tocó vivir, por el cual ni siquiera recibí un llamado diciéndome "mirá Roberto, discúlpame pero me equivoqué, esto es muy difícil", o lo que me pudieran decir, pero primero la palabra disculpas, perdón. Esta ausencia de humildad y de humanidad es la que le reprocho a la Sra. Carlotto y la que la hace parecerse a las personas que tanto ella como yo cuestionamos. Si hubiera existido un contacto seguramente no hubiera llegado a este momento.
Tal vez, desde afuera se pueda minimizar, pero mi sufrimiento me trajo graves consecuencia físicas y psíquicas, y jamás se lo voy a perdonar. Que sea Dios quien la exima de culpa, yo no tengo ese don y debo responder también por el sufrimiento de mi familia.
En su oportunidad denuncié ante el Consejo de la Magistratura a Servini de Cubría (causa nro. 408/06, caratulada: "Gutiérrez, Roberto Julián y otro c/María Romilda Servini de Cubría"), y obviamente la archivaron, pero sin siquiera contestar a la mitad de mis gravísimas acusaciones que la involucraban engañándome para obtener mi consentimiento, sembrando pruebas falsas, como testimonios y recortes periodísticos, entre otras cargos. Lo que resulta predecible y no escapa a la lógica desestimación automática de un órgano político como este consejo protector de jueces amigos del Poder Ejecutivo. Tampoco el hecho de nunca haberme notificado de ese ADN –hecho trascendental en mi vida- fue una causal de sanción disciplinaria. Entonces qué más podía esperar.
Finalmente, ante ello, decidí denunciarla penalmente por sus vejaciones hacia mi persona, la cual quedó radicada ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nro. 12 de Cap. Fed. (nro.
41.011, caratulada: "Servini de Cubría, María Romilda y otro s/cohecho"), y actualmente se encuentra en la Cámara Federal (enero de 2008) debido a una apelación que interpuse respecto de la desestimación de la misma (casualmente por no contestar los mismos puntos que omitió tratar el Consejo de la Magistratura).
Si desean leer las notas que me hicieron, ver páginas 100/101, de la revista "Noticias", ejemplar nro. 1593, del 7 de julio de 2007; y de las páginas 30/40, de la revista "Cuarto Intermedio" (en especial ésta que última que es muy buena entrevista), ejemplar nro. 48, del mes de septiembre/octubre pasado.
También debo aclarar que desde el principio he mostrado mi buena fe al colaborar con las extracciones de sangre. Además, yo soy el primer interesado en conocer mi identidad, pero esta jueza me ha negado ese derecho porque para ella, según una resolución del mes de diciembre de 2006, por el sólo hecho de haber nacido durante el proceso militar y no conocer mi identidad biológica, no puede descartarse mi vinculación con personas desaparecidas durante ese tiempo.
Esto la limitó a entender que mi abandono no existió y que debo ser hijo de desaparecidos sin que adopte ninguna otra medida al respecto. Lo cual me veda cualquier otra opción de búsqueda que pueda arbitrar el estado, y me insume en una incertidumbre eterna.
Por ello, a fines de noviembre pddo. he requerido que se declare incompetente por mi situación porque ya en nada se vincula a la Sra. de Carlotto ni con los demás grupos familiares que integran el Banco Nacional de Datos Genéticos.
Tampoco mi requerimiento de dejar de permanecer incluido de por vida en dicho banco es un capricho, aunque sería válido también, pero no puedo tolerar la soberbia de estas dos mujeres que me engañaron y nunca pensaron en la familia que existe detrás mío.

Necesito ayuda para difundir este caso, que no es el único, existe otro similar en otro juzgado federal de Capital Federal, pero todavía peor porque en ese caso el joven que se indicaba como nieto de una abuela que integra la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo, órgano que recibió la denuncia como siempre anónima, finalmente resultó ser hijo del matrimonio denunciado, según lo estableció el Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional y la Fundación Favaloro, pero tras haberse apelado este examen por culpa del magistrado que omitió notificar del estudio a la querella, pese a que nadie objetó el resultado, la Cámara Federal decretó la nulidad de esos exámenes e insólitamente incluyó la orden de que ahora deben realizarse en el Banco Nacional de Datos Genéticos y no en la máxima oficina pericial de la justicia nacional o en esa la prestigiosa fundación. Ahora lo quieren forzar a realizarse el examen en dicho banco porque lo que finalmente les importa es sumar más muestras a un banco de datos que ya no tiene razón de mantenerse con nuestros impuestos. Muy pronto se enterarán de este caso increíble, que demuestra que no basta con joder a las personas, sino que además todo tiene un trasfondo económico y político.
Roberto Julián Gutiérrez, DNI nro. 27.603.912.