martes, abril 29, 2008

Impericia del Estado

Editorial II Fracaso del registro de adopción

http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=1007955


La intervención del Estado en desmedro de la actividad de instituciones privadas es negativa para la noble institución de la adopción. Prueba de ello ha sido la creación del Registro Unico de Guardas con Fines Adoptivos (Ruaga), cuyas pregonada agilidad y falta de discriminación, o de "amiguismo" judicial, no han logrado evitar las injustificables demoras que se producen en esta delicada materia.
Por medio de una carta de lectores, dos aspirantes a padres adoptivos revelaban hace poco que desde la creación del Registro, hace cuatro años, cumplieron con todos los trámites requeridos y que habían quedado en el puesto número 1368, compartido con otras cuatro parejas.
Según el Ministerio de Justicia, en febrero último había 1996 expedientes. La pareja que ocupaba el puesto número 1368 pensaba que si el Registro resolvía un caso por día, lo cual estaba muy lejos de ser así, podría adoptar un hijo en unos diez años.
Una de las supuestas bondades del Ruaga iba a ser el control del perverso tráfico de niños, tema en el cual todo el tejido social debería ser coincidente en la condena. Sin embargo, el reconocido abogado Eduardo José Cárdenas, juez de familia durante 20 años y precursor de muchas innovaciones en ese fuero, advertía hace unos días que "las adopciones están desapareciendo".
Por la desconfianza oficial hacia las redes naturales de entrega de niños y el temor a que sea la necesidad o la pobreza la que decida desprenderse de ellos, o incluso el mencionado afán de evitar la compra, el Estado suprimió las adopciones con escritura pública y forzó la intervención obligatoria del Registro, a la vez que criticó las entregas judiciales que no coincidieran con la decisión del organismo oficial.
Lo cierto es que el sistema no funciona. Las familias no se acercan al Ruaga y, de ese modo, las adopciones disminuyen. Esto indica, como apunta el doctor Cárdenas, que "no se sabe por qué circuito los chicos se van, ni adónde".

Obviamente, aunque sería deseable, no se puede atribuir este fenómeno a la falta de niños en condiciones de ser adoptados ni a la falta de necesidad de darlos en adopción por parte de muchas familias necesitadas.
Por otra parte, no han sido muchas las provincias que se han adherido a la ley convenio que creó el Ruaga. En esto también se cometieron errores, pues los niños no son "coparticipables", por usar una terminología en boga. Hay aquí un federalismo humano que debe ser cuidado y una sensibilidad provincial que debe ser protegida.
Hay que ser muy cuidadosos en el modo de formular políticas en esta materia, y desprenderse de toda verborragia ideológica cuyo único resultado sería alejar de la realidad a quienes la cultivan.
Es imperioso, pues, que el Estado, los jueces, los defensores de menores, las organizaciones no gubernamentales, los abogados, los médicos, los psicólogos, los asistentes sociales y todos los trabajadores vinculados con la minoridad analicen en conjunto y sin prejuicios este fenómeno, y aconsejen en forma urgente las medidas más adecuadas para resolver la crisis de una institución que ha dado mucha felicidad y que tiene mucho más para dar. Los niños serán los más agradecidos.
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