sábado, noviembre 22, 2008

El niño faraón ¿y nuestros niños?

“Dicen que los sueños se realizan cuando uno además de poner voluntad pone trabajo, esfuerzo, compromiso, convicciones y confianza”. Sí, no puedo negar que sabe manejar las palabras, Sra. Presidenta y elaborar majestuosos conceptos. Pero gobernar un país es mucho más que eso y no necesitamos precisamente que nos traiga a Tutankamón. Vivimos un país desangrándose por la violencia, carcomido de miedos e inseguridades, donde los niños y los jóvenes son sospechados en vez de ayudados, empujándolos a las adicciones en vez de mostrarles que un mundo mejor es posible, que ellos pueden vivirlo, construirlo, ser actores principales. Un país anémico en educación y prevención, donde hay fronteras por donde pasa de todo sin control, donde se siguen anotando niños como hijos propios porque el sistema de adopción es un desastre, hay vacíos legales y el tráfico aprovecha todo eso. Somos 3 millones de ciudadanos sin nuestra verdadera identidad y día a día crecemos en número. Bueno, para el Dr. Duhalde, secretario de DD.HH. de la Nación y algunos organismos de DD.HH. nosotros somos demasiados viejos para buscar (¿momias acaso?) pero cometen un gravísimo error con esta afirmación ya que niegan la existencia de apropiados de todas las edades víctimas del tráfico de niños. Reconozco el valor cultural de traer la muestra itinerante sobre Tutankamón, pero que apreciarán pocos: la entrada rondará los 30 dólares. Más que el legado de un faraón niño necesitamos políticas que protejan y contengan a nuestros niños y jóvenes para que sean adultos con su verdadera identidad, con posibilidades y puedan elaborar un proyecto de vida sólido. El 20 de noviembre fue el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, sugiero a nuestros dirigentes leerla, no es tan larga. Respetarla es el principio a la solución de muchos males.
Graciela Palma (ciudadana sin identidad) DNI 16.496.527
palmagraciela@gmail.com