viernes, marzo 05, 2010

ANTE EL ANUNCIO DEL CONTROL DE DROGAS EN CONDUCTORES DE AUTOMÓVILES EN LA C.A.B.A

ANTE EL ANUNCIO DEL CONTROL DE DROGAS EN CONDUCTORES DE AUTOMOVILES EN LA CABA

Por Wilbur Ricardo Grimson

La sociedad debe pasar a controlar el consumo de drogas así como lo hace con el alcohol a través de la detección de personas que están manejando vehículos “bajo la influencia de” las diferentes sustancias hoy disponibles. Al hacerlo prioriza la salud pública por encima de cualquier derecho individual. O es que al ciudadano común lo van a convencer de que quien viola indicaciones de ordenamiento del tránsito, cruza luces rojas, acelera indebidamente poniendo en riesgo a personas de cualquier edad, hay que reconocerle el derecho a jugar con la vida de sus semejantes? Seguramente no es el sentido que el legislador dio al art.19 de la Constitución Nacional cuya aplicación debería restringirse al espacio privado, donde no se afecte a terceros, y aun así esto debe poderse demostrar. Es que los terceros son los niños, los jóvenes adolescentes en desarrollo, y todos aquellos que no han elegido consumir pero están sometidos a la presencia presionante de los consumidores.

En todo caso habría que basarse en el concepto de drogas ilegales. Lo son aquellas que ha designado así la Organización Mundial de la Salud en sus respectivas Asambleas anuales. Y no es que las drogas listadas sean peligrosas porque están prohibidas, sino que están prohibidas porque su toxicidad daña.

Veamos sino el resultado de los concursos de ingesta de vodka y tequila que se realizaban en la costa en los últimos años, promoviendo un consumo excesivo que desembocó muchas veces en comas alcohólicos letales.

La pasividad de los padres ante la gravedad y riesgo de estas conductas resulta pasmosa. No reaccionan hasta que no ocurren accidentes. Y la pasividad de los adultos estimula, toma forma de desafío. Antes de que lleguen el alcohol y las drogas habremos estado preparando mal a nuestros hijos dejándolos manejar cuadriciclos en las playas para cuyo dominio no están capacitados. Chicos de 8 y de 10 años de edad recorren nuestras playas realizando piruetas. Sus padres avanzan en cambio portando cuatro chicos a sus espaldas. Cuando la autoridad policial intenta controlar el fenómeno queda enfrentada a las madres que argumentan “a mi hijo lo autorizo yo!” a lo que se agrega una amenaza a las fuerzas del orden.

Así llegamos a la violencia callejera que resulta de la suma del alcohol consumido en exceso, la frustración a que conduce en muchos casos la idealización de la salida nocturna y la necesidad de trocar éxito por pelea.

Se tardará mucho en reconocer que consumir antes, durante y después de la cita festiva no es garantía ni de éxito ni de disfrute?

Mientras tanto reconozcamos lo adecuado que resulta la decisión de establecer controles de drogas por parte del GCBA.-

Dr.Wilbur Ricardo Grimson


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foto: La Nación