jueves, febrero 11, 2016

Ni cigüeñas ni repollos

En pleno siglo XXI nadie se horroriza ante una madre soltera y sola, es más, hoy es una elección.
Pero hasta no hace demasiado tiempo se tenía muy en cuenta en el origen de un niño la legitimidad de los vínculos de la pareja que lo había concebido. Inclusive tenían menos derechos.
Se los diferenciaba como hijos ilegítimos, naturales o adulterinos e incestuosos. En la partida de nacimiento se destacaba esa condición y carecían casi de todo derecho ya que eran el testimonio que atentaba contra el ideal de familia basado en el matrimonio indisoluble y la moral pública.
En los años 40, 1 de cada 3 niños estaban en esa condición. Y muchos más que permanecieron ocultos de esas estadísticas porque fueron anotados como hijos propios del matrimonio que lo recibía.
No hablo de adopción sino lo que hoy conocemos como apropiación y que no fue una metodología utilizada solo por la dictadura militar. Sucedió siempre y sigue pasando.
Hoy cotidianamente hablamos de los DDHH y ante casos mediáticos muchos se expresan a favor del derecho a la identidad del niño. Que no se le mienta ni oculte nada, que debe saber quién es su padre o en los casos que fueron gestados por donación de gametas que el laboratorio conserve los datos del donante.
Por el bien superior del niño.
Pero muchos adultos desconocemos nuestro verdadero origen. Al nacer fuimos entregados de manera ilegal y cambiaron todos nuestros datos personales. No solo figuramos como hijos biológicos de quienes no lo son sino que nuestra fecha de nacimiento y lugar son falsos.
Desconocemos nuestros antecedentes médicos, étnicos y culturales.
Hoy también hablamos muchos del ADN y justamente la genética es una de las alarmas que a los que estamos en esa situación nos dice que algo está mal.
Los seres humanos tenemos archivos genéticos de 4 generaciones, un bebé no nace como una hoja en blanco, en la gestación además de alimento recibimos información.
Todos tenemos una historia, buena, mala, dolorosa, pero nuestra. Tenemos derecho a saber cuándo nacimos, dónde y lo que sucedió.
Los adultos tomamos decisiones egoístamente sin pensar en las consecuencias y si se trata de un niño el daño ocasionado puede ser muy grande.
La Constitución Nacional ha tomado esto en cuenta y determina que el Estado debe ocuparse de todo ciudadano con su identidad vulnerada, garantizándole arbitrar todas las herramientas necesarias para que halle su verdad personal.
En el Congreso Nacional desde 2003 han ingresado proyectos de ley que terminaron archivándose.
Pasamos una década donde el gobierno nos condenaba a la incertidumbre y nos discriminaba por haber nacido en un año políticamente incorrecto.
Los diputados y senadores de la oposición de entonces nos decían que nada se podía hacer porque el bloque del FPV se oponía a tratar nuestra problemática. Así se perdieron 4 proyectos en el 2015.
Hoy ha cambiado el panorama legislativo, ya no hay excusa.
Pedimos a los diputados y senadores que elaboraron esos proyectos y que acompañaron con su firma que incluyan nuestro tema en su agenda.
Buscamos nuestra verdad personal, no perseguimos a nadie ni queremos que nos cambien el apellido ni tienen que restituirnos. El Estado tiene las herramientas necesarias para investigar con confidencialidad y respeto para las partes involucradas.
Sabemos que no todos lo lograremos pero nadie tiene derecho a decir que no podemos. Se trata de nuestras vidas.

Graciela Palma Arizaga (Ciudadana sin identidad)
DNI (con datos falsos) 16.496.527
palmagraciela@gmail.com
www.identidadbiologica.blogspot.com