lunes, febrero 01, 2016

Pedido al Presidente Macri por la Universalidad de los Derechos


Nuevamente, ante un caso mediático sobre la maternidad de mujeres solas y la utilización de donantes de gametas, escuché muchas voces citando el derecho a la identidad de ese bebé por nacer.
Hoy parece que todos tienen en claro la importancia que tiene para el niño crecer en la Verdad y conocer su origen biológico.
Pero no se quiere ver la existencia de muchísimos adultos que al nacer fuimos entregados ilegalmente y anotados como propios, que reclamamos poder ejercer nuestro derecho a conocer nuestra verdad de origen.
Somos el producto de una conducta social de muchos años que pensaba que se “salvaba” a un niño de ingresar a un orfanato entregándolo directamente a un matrimonio que lo anotaría como si fuera su hijo biológico.
Esto implicaba modificar todos los datos personales: fecha de nacimiento, lugar, nombre de los padres, etc. Al no ser una adopción no podía ser “plena” la entrega y se cambiaba todo para evitar cualquier arrepentimiento de la madre y posterior búsqueda.
En nuestro país es el Estado Nacional el encargado de garantizar a todas las personas el derecho a la identidad formal mediante el DNI.
Como es el responsable de garantizar la identificación de todas las personas al nacer, también le cabe la responsabilidad por omisión, frente a la alteración o supresión de esa
identidad. Por esta razón, es el Estado quien debe poner a disposición del ciudadano todos los mecanismos y las herramientas que faciliten la obtención de la verdad material, sin la cual no hay identidad plena posible.
El derecho a la identidad es el derecho subjetivo a ser uno mismo y presentarse así frente a los terceros.
Existen instituciones estatales especializadas en la investigación y asistencia de las víctimas de alteración o supresión de la identidad, pero su objeto ha sido limitado a las víctimas de la última dictadura militar. Me refiero a la CoNaDi. Y al Banco Nacional de Datos Genéticos.
Le corresponde al Estado dar respuesta a todo derecho lesionado, más allá del período histórico en que ocurrió el delito que lo generó.
Y el Estado tiene compromisos adquiridos al incorporar a nuestra Constitución Nacional los tratados internacionales de Derechos Humanos.
Nosotros no pedimos judicializar, no juzgamos ni nos mueve el rencor. No queremos cambiarnos el apellido ni nos tienen que restituir a alguien, solo pedimos la oportunidad de arreglar algo mal hecho y que nadie pensó en su momento del daño personal que nos ocasionaba.
Hoy debemos consagrar lo que es de todos: el derecho a la identidad. Se haya nacido en cautiverio, fruto de una violación, producto del abandono o simplemente se trate de un ciudadano que busca su verdad. Las víctimas no tienen distinción y los instrumentos
de reconocimiento y garantía de los Derechos Humanos deben estar en consonancia con el principio que los sustentan: la igualdad y la universalidad.
Durante la década pasada se nos culpó por haber nacido en un año políticamente incorrecto. Fuimos maltratados y acusados de persecución.
Hoy tenemos la esperanza de ser considerados seres humanos que merecemos conocer nuestra Verdad personal.
Pedimos a la nueva gestión humanización, respeto y dignidad hacia todos. Necesitamos las políticas públicas adecuadas para garantizar las búsquedas siempre en un marco de confidencialidad y respeto para todas las partes involucradas.
Y trabajar para el cambio cultural y que estas prácticas dejen de ser naturalizadas.
Un bebé deseado o no es ante todo un ser humano que se debe respetar.
Adoptar, no apropiar.

Graciela Palma Arizaga (Ciudadana sin Identidad)
DNI (con datos falsos) 16.496.527

palmagraciela@gmail.com